Después de apostar por dos entrenadores del riñón del club pero sin demasiada experiencia acumulada, como Sebastián Battaglia y Hugo Ibarra, Juan Román Riquelme y el Consejo de Fútbol decidieron que era el momento de buscar un perfil diferente para superar el mal momento futbolístico que atravesaba Boca e ilusionarse con poder pelear seriamente por conquistar la séptima Copa Libertadores que lo obsesiona.

A poco más de un mes del primer partido oficial que dirigió Jorge Almirón, que terminó en derrota por la mínima ante San Lorenzo, el equipo ha comenzado a adquirir un estilo identificable pero todavía no el rendimiento que se espera. Lo mismo ha pasado con los resultados, alternando buenos como las victorias en Copa Libertadores y ante Racing, y malos, como el último Superclásico.

Este viernes, ante Argentinos en La Paternal, fue mucho mejor el resultado que el funcionamiento. Al propio director técnico se lo vio incluso disconforme con el rendimiento de sus dirigidos en varios pasajes del encuentro. Y es en la forma que Almirón tiene de desenvolverse en cada partido que puede verse un notable cambio en relación con la que asumía en los equipos dirigidos anteriormente.

“Si se compara con Almirón, no hay entrenador en el fútbol argentino que viva los partidos como él, dijo Martín Arévalo en relación a su enérgica actitud. “En cada una de las jugadas tenía algo para decirle a un jugador. Una vez era Briasco, otra vez era Villa, otra vez era Varela. Con todo el mundo. Los 90 minutos hablando estuvo, agregó.

Renato Della Paolera, quien siguió de muy cerca como cronista su campaña como entrenador de Lanús, aseguró que esa faceta comenzó a mostrarla desde su llegada a Boca. “Antes no era así. Ni siquiera en su último paso por Lanús el año pasado”.