A Boca se le terminó una racha de 14 partidos sin conocer la derrota. La última, hasta ayer, había sido en febrero cuando enfrentó a Vélez en el Amalfitani. Después de aquella caída, Claudio Úbeda encontró el 11 titular y comenzó a acumular victorias y empates en partidos de gran complejidad, como los clásicos con San Lorenzo, Racing, Independiente, el Superclásico y los dos primeros partidos en la Libertadores.
Y si bien en más de una ocasión, el DT rotó al equipo y dispuso de una formación íntegramente alternativa, lo cierto es que la diferencia entre los titulares y los suplentes es abismal. En los últimos dos partidos, quedó demostrado que, incluso, la brecha es más grande de lo que se cree.
Sin caer en la cuestión de hablar mal en la derrota y hablar bien en la victoria, desde la goleada por 4 a 0 ante Defensa y Justicia, del pasado jueves, que esto se vio. Ante Cruzeiro, no hizo más que quedar expuesto en un resultado negativo. El problema no es Úbeda, ni sus decisiones, sino la confianza que puede tener en quienes son alternativa cuando las papas queman.
En el Mineirao, el DT salió a la cancha con el equipo de gala, que ya sale de memoria: Brey; Weigandt, Di Lollo, Costa, Blanco; Ascacibar, Paredes, Delgado, Aranda; Bareiro y Merentiel. La injusta expulsión al delantero paraguayo obligó a Úbeda a cambiar sobre la marcha el plan táctico para ajustarse a la minoría en el campo de juego.
Sin embargo, solamente hizo dos cambios: ingresó Nicolás Figal por Tomás Aranda, para armar una línea de 5 defensores, y también lo hizo Exequiel Zeballos por Miguel Merentiel. Casualidad o no, los únicos dos jugadores que Boca tenía en el banco con más de 100 partidos con la camiseta xeneize.
Está claro que el plantel de Boca mejoró, que hoy tiene un 11 inicial que se puede considerar como el mejor del fútbol argentino y que las variantes ofrecen más seguridad que en otras ocasiones, pero en los últimos dos partidos se comprobó que el Xeneize tiene un equipo titular y poco más.
Ante Defensa, por ejemplo, los 11 suplentes tuvieron un flojo primer tiempo, donde el offside inicial de Juan Gutiérrez evitó la caída del arco de Brey. La cancha de inclinó a favor con el golazo de Milton Giménez, pero la diferencia se transformó en goleada cuando entraron los titulares. Delgado fue el único desde el arranque y era el mejor de Boca, y a él se sumaron Paredes, Bareiro, Merentiel, Aranda y Ascacibar. ¿El resultado final? Tres goles en los quince minutos que coincidieron y goleada 4-0.
Con Cruzeiro, Boca podía rascar un punto que valía oro o un triunfo que lo sentenciaba como el serio candidato a ganar su grupo en la Libertadores. 45 minutos con uno menos, pero 0 a 0 en el marcador. Úbeda optó por un planteo conservador en el segundo tiempo, con la línea de 5 y sin nueve de área, lo que parecía lógico para aguantar el empate.
Cuando llegó el gol de los brasileños, el Sifón no movió más fichas. Como variantes de ataque, estaban las opciones de Alan Velasco, Ángel Romero y Milton Giménez. En el medio, Tomás Belmonte, Williams Alarcón y Zenón. En defensa quedaban Braida, Marco Pellegrino y Juan Barinaga, pero ninguno de ellos entró, incluso teniendo 3 cambios disponibles y dos ventanas.

El Changuito Zeballos disputa el balón ante Kaiki y Jonathan Jesús, de Cruzeiro.
El problema no es Úbeda, de quien todavía no se conoce con seguridad su futuro y a quien, hasta ayer, se lo endiosaba y se mencionaba a Boca como la Sifoneta por el buen andar del equipo. Ayer, con Cruzeiro, quedó expuesto que el nivel entre los titulares y los suplentes es muy diferente, al punto tal que el DT no los quiso poner en el campo de juego bajo un contexto picante.
Claro está que hay varios jugadores lesionados: Ander Herrera, una de las piezas más confiables del banco, Cavani y Palacios, quienes llevan meses sin fútbol y su rendimiento será una incertidumbre cuando regresen, y Rodrigo Battaglia, una fija como alternativa para la zona medular. A nivel ofensivo, Romero sigue sin demostrar, Zeballos todavía no volvió a ser el de fines de 2025 y Giménez se encuentra por debajo del rendimiento de un irregular Merentiel y Bareiro.
A Boca le quedará confiar en su 11 inicial en los partidos y momentos de alta tensión, buscar refuerzos que complementen aún más al plantel en junio y que los suplentes, cuando les toque ingresar desde el banco o cuando estén desde el arranque, tengan una jornada iluminada.






