Boca y Claudio Úbeda le faltaron el respeto a Independiente con la formación que puso el director técnico en el clásico del sábado. Boca lo trató a Independiente como un equipo chico.
Si vos le ponés 10 suplentes -Marchesín, dicho sea de paso, responsable del gol de Abaldo-, es porque, la verdad, no tenés dimensión de lo que es jugar un clásico frente al Rojo.
A ver, ¿dónde está dicho, en qué libro, en qué manual, en qué biblioteca, que ganarle a Barcelona de Ecuador por la Copa Libertadores cuando ya ganaste en Chile es más importante que ganarle un clásico a Independiente, con toda la rivalidad que hay por ser el Rey de Copas?
Hay futbolistas que, para mí, no pueden jugar un clásico: Ander Herrera, Ángel Romero, el pibe Rey Domenech no jugaba desde la época de Fernando Gago, hace muchísimo tiempo. No me gustó la decisión del entrenador de Boca.
Boca lo empató con un penalcito de VAR. Sí, penal de VAR. En el viejo fútbol, esto no se cobraba, no existía. El toque existió, fue penal para mí, insisto, pero penal de VAR.
Y al Rojo le faltaron agallas para imponerse en La Bombonera, para aprovechar esta formación de Boca y llevarse seis de seis en los clásicos. Ya le había ganado a Racing, pudo ganar en la cancha del Xeneize y Gustavo Quinteros no se animó.
Está dentro de los ocho, está clasificando, pero, si quiere ser campeón, va a tener que mejorar en estos partidos importantes.
Volviendo a Boca, podría haber sumado un triunfo frente a Independiente para hacer el despegue y llegar al Monumental bien arriba. Aunque puede hacerlo si le gana a Barcelona por la Copa Libertadores y suma tres puntos para encaminarse.
No me gustó la actitud de Boca y tampoco la de Úbeda en un clásico tan pero tan importante como es jugar frente al Rojo de Avellaneda.





