Mauro Boselli tuvo que salir de Boca para comenzar a demostrar todo el potencial que iba a definirlo como delantero y goleador durante el resto de su carrera, debido a que por aquel entonces le tocó estar siempre a la sombra de la mejor versión de Martín Palermo. Actualmente se encuentra desarrollando en plena vigencia su tercer ciclo con Estudiantes de La Plata, donde se convirtió en ídolo y conquistó, entre otros títulos, la Copa Libertadores.
Con 37 años y habiendo hecho experiencia también en el fútbol de España, Inglaterra, Italia, México y Brasil, confirmó que defender la camiseta del Xeneize, formar parte del Mundo Boca, conlleva una presión extra, incomparable, y fue apoyándose en sus vivencias personales que se permitió aconsejar a quienes hoy por hoy tienen que asumir esa responsabilidad.

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“Si no lo sabés manejar o no estás equilibrado, con alguien que te diga ‘tranquilo’, que te baje a tierra, pensás que sos Dios. Ahí es cuando te das los golpes. Empezás a descuidar todo lo que te hizo tener esas cosas, que es jugar al fútbol. Empezás a darle bola a salir de joda“, explicó el delantero en una entrevista que concedió a Infobae.
Mauro Boselli hizo también referencia a la popularidad inmediata que genera tener un par de buenas actuaciones con la camiseta de Boca, pero que de ninguna manera pueden ser parámetro de lo que sucederá a futuro; algo que actualmente se emparenta con la irrupción en el equipo de Valentín Barco, a quien se le augura un gran futuro a la vez que se lo carga de demasiada presión por tener nada más que 18 años.

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“Es difícil manejarlo. Me han pasado cosas que si mirás para atrás decís ‘esto no lo hubiese hecho o lo hubiese cambiado’. Más jugando en un club como Boca con 20 o 21 años, que hacés un gol y salís en la tapa de todos los diarios, en todos los canales de televisión, todo el mundo en la calle te conoce, todos te ofrecen cosas para regalarte. Había un montón de situaciones en las que tenías beneficios constantemente”, reflexionó.
Y agregó: “Yo soy un pibe al que nunca le gustó el alcohol, nunca fumé, siempre me cuidé en descansar bien, comer bien. No tenía esos problemas. Pero vas a un boliche y tenés diez mujeres a tu alrededor que quieren estar con vos. Viene gente y te dice ‘esto es para vos’, te regalan cosas. Lo que fuese. Si no te acomodás y estás realmente centrado, te podés pasar para el otro lado”.







