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AGENDA DEPORTIVA

A 40 años del Mundial 86: cómo les cambió la vida a los goleadores de Argentina ante Alemania

Tata Brown, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga fueron los goleadores de Argentina en la final. Su vida después de ser campeones del mundo.

Schlussjubel Argentinien, Torschütze Jorge Luis Burruchaga wird gefeiert
© Getty Images.Schlussjubel Argentinien, Torschütze Jorge Luis Burruchaga wird gefeiert

Un gol, dos, tres. Un grito que cambia la historia para siempre. Un título inolvidable, un genio que frota la lámpara, una copa que es revancha y es confirmación. Y tres vidas que cambian a partir de que la pelota toca toda la red y se desata la locura. Un 29 de junio, hace 40 años, tres hombres fueron los artífices de los goles que llevaron a Argentina a lograr su segundo título mundial, el primero fuera de casa, el único con Diego Maradona como conductor.

José Luis Brown, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga, en ese orden y dejando de lado el descuento de Rummenigge y el empate momentáneo de Rudi Völler, quedaron en la historia como los protagonistas de aquellos goles que le dieron el título a la Argentina ante Alemania. Para los tres, así como para cada uno de aquellos héroes, cada minuto se convirtió en épico e inolvidable. Un antes y un después en sus vidas. ¿Cómo siguieron después de aquella final?

Tres goles, tres historias

No fue un gol: fue su único gol con la camiseta de la Selección. Y fue nada menos que el primero en una final del Mundial y ante Alemania. Un grito que cambiaría su vida para siempre, un retorno de confianza a un Carlos Bilardo que lo había llevado al Mundial pese a estar sin club y que además le dio la titularidad cuando Daniel Passarella contrajo aquel virus que lo dejó afuera. Era una responsabilidad gigantesca reemplazar al gran capitán campeón del 78. Aquella definición de cabeza a los 23 minutos fue justicia poética.

Campeón y capitán con Estudiantes, había pasado por Colombia, Boca y más tarde Deportivo Español, que decide dejarlo libre tres meses antes del Mundial. Se había roto los meniscos y el ligamento cruzado y su lugar en el Mundial estaba realmente en duda. Pero a Bilardo, que lo había hecho debutar en el 75 con 18 años, no le importó: confiaba en su pilar pincha y terminó devolviendo esa cuota de confianza no solo con el gol. Pese a una luxación de hombro, a los 7 minutos del segundo tiempo, siguió jugando todo el partido.

Brown, la camiseta agujereada y la Copa. Foto AP

Brown, la camiseta agujereada y la Copa. Foto AP

Lo primero que le dije al doctor Madero fue: ‘ni se te ocurra sacarme, no salgo ni muerto’. Me mordí la camiseta, le hice dos agujeros para meter los dedos y terminé así. Pasé por un millón de cosas difíciles e iba a dejar de jugar una final del mundo por un dolor en el hombro… ¡Ni loco! Tengo el orgullo de haber hecho un gol en una final del mundo para mi país”, contó el defensor.

“Sin José Luis Brown, no hubiésemos ganado nunca la Copa del Mundo en 1986. Vos nunca te quejabas de nada, Tata. Estabas siempre con buena onda. Aunque sabías que no ibas a ser titular en México, te entrenabas durante los viajes, en los pasillos de los aviones, para recuperar tu rodilla. “Incluso no tenías equipo en aquel momento, te acordás?”, le escribió Maradona cuando murió el Tata.

Decía que el dolor era insoportable, pero el orgullo de estar allí era aún mayor. Y lo que vino después fue también un premio a aquel esfuerzo descomunal. La oportunidad que se le había negado llegó después del Mundial, como una grata consecuencia: su chance de jugar en Europa. El actual Stade Brestois 29 (en aquel momento Brest Armonique) lo vio en México y decidió sumarlo a sus filas por las siguientes dos temporadas. Y luego dos años más en el Real Murcia de España.

“Ese gol me cambió el documento. Pasé a ser José Luis Brown, el que hizo el gol en la final de la Copa del Mundo”. Aunque para Bilardo siempre fue BRON, así, con su clásica pronunciación. A los 29 años lograba pegar el salto: campeón con Argentina y jugador europeo por primera vez. Tras esas cuatro temporadas en el Viejo Continente, volvió al país para jugar en Racing, no fue al Mundial 90 (pese a quedar afuera en el último corte viajó como sparring) y, pese a haber acordado con Lanús, decidió retirarse.

Volvió a trabajar con Bilardo en 1996, en Boca, y también trabajando en las Inferiores de Estudiantes y hasta volvió a la Selección junto con Sergio Batista, como ayudante, siendo parte del equipo que fue oro olímpico en Beijing 2008. Tras sufrir Alzheimer, falleció en 2019 y sus restos descansan en el country de City Bell, casa de Estudiantes.

Vuelta y retiro

El de Valdano quizás es el caso opuesto al del Tata: ya era una estrella consagrada en el Real Madrid cuando llegó el Mundial 86 pero su suerte post título fue mucho más esquiva. Jorge Alberto Francisco ya estaba en Europa, adonde había emigrado a dos años de debutar en la Primera de Newell’s. Pasó por el Alavés, el Zaragoza y para 1984 ya estaba en el Real Madrid. El del 86, a sus 30 años, era su segundo Mundial.

Jorge Valdano jugó los siete partidos en el Mundial 86. Getty Images

Jorge Valdano jugó los siete partidos en el Mundial 86. Getty Images

En su primera temporada con el Merengue metió nada menos que 17 goles. Y en los años sucesivos sumó seis títulos, la mayoría antes de ser campeón en el Estadio Azteca: una Copa de la Liga, dos Copa de la UEFA y dos ligas, la última ya en la previa a su retiro, que fue no mucho tiempo después.

Al Mundial llegó en absoluta plenitud y siendo una estrella. Jugó los siete partidos y antes de la final había convertido otros tres goles (dos a Corea del Sur en el debut de Argentina y otro a Bulgaria). El segundo gol a Alemania, el 2-0, fue a los 10 minutos del segundo tiempo, con una definición exquisita tras una contra que encabezó Héctor Enrique.

La gloria que le faltaba la consiguió aquel 29 de junio de 1986. Sin embargo, no sabía que pronto llegaría su adiós al fútbol. A principios de 1987 se le detectó una hepatitis B: “Yo llevaba varias semanas tratándome tras los partidos, algo que sabían muy pocas personas en el club. Me sentía sin fuerzas y acababa siempre agotado. Tras una revisión, descubrimos que desde mis tiempos del Zaragoza había tenido una hepatitis cronificada, pero que en aquel momento se había agudizado hasta poner en peligro mi carrera”.

Tenía 31 años y estaba por finalizar su contrato con el Real. No eran tiempos en que la carrera de los jugadores se extendiera mucho más. En marzo del 87 jugó su último partido y se vio obligado a parar. Perdió peso y fuerzas y cuando quiso volver, porque le habían renovado un año más, ya no pudo. El virus lo terminó sacando de la cancha. “Al menos, pude presumir de que mi virus ganó un Mundial, dos Ligas, dos Copas de la UEFA…”, dijo.

Su vida siguió ligada al Madrid y tuvo muchas aristas: entrenador alguna vez (del Madrid, Tenerife y Valencia), Director Deportivo también, escritor, comentarista, divulgador y conferencista, dando rienda suelta a su pasión por los libros y la literatura.

El mejor recuerdo

Aunque los dos goles previos fueron fundamentales, nada como aquella definición de Burru para cerrar un partido que se había empiojado ante Alemania y que estaba poniendo en riesgo aquella Copa del Mundo. A los 84, tres minutos después del empate de Völler, Maradona filtró un pase majestuoso para que el número 7 metiera una corrida memorable y, aguantando la presión del defensor alemán, convirtiera el gol consagratorio.

Burruchaga ibserva como la pelota está por tocar la red y será el 3-2. Getty Images.

Burruchaga ibserva como la pelota está por tocar la red y será el 3-2. Getty Images.

Jorge Burruchaga también llegó al Mundial como un jugador consagrado, uno de los indiscutibles. Campeón en la época de gloria de Independiente, con el Metro 83, la Libertadores (también hizo el gol del triunfo ante Gremio) e Intercontinental 84, había pegado el salto a Europa un año antes del Mundial. Era uno de los seis futbolistas que llegaban desde el Viejo Continente (junto con Maradona que estaba en el Napoli, Valdano en el Real, Passarella en la Fiorentina y Pedro Pasculli en el Lecce italiano).

Su primera temporada en el Nantes fue consagratoria: lo eligieron el mejor extranjero de aquella temporada, en la previa a su viaje a México para sumarse a la delegación, que fue la primera en arribar al Mundial, ya que Bilardo buscaba escaparle a las críticas que en aquel entonces recibía la Selección por los resultados en los amistosos previos y por el encono que existía desde los sectores del poder en contra del entrenador.

“Un partido que estaba relativamente fácil, a que te hagan dos goles de cabeza, que de hecho Carlos no agarró la medalla, no quiso festejar. Y que vos tengas cuatro minutos, cinco, para ir al alargue y decir ‘vamos a ganarlo, vamos a ganarlo’. Yo lo dije, lo dijo Diego. Entre los muchachos, entre los aplausos, todos ‘vamos, vamos’, no quisimos ir al alargue, queríamos ganarlo. Yo lo denominé como la justicia deportiva más justa de la vida, por lo que sufrimos, por todo lo que tuvimos que soportar y porque brillamos, más allá de haberlo tenido a Diego. Teníamos al mejor del mundo e hizo su mejor Mundial. Nosotros en ese Mundial tuvimos el rendimiento que jamás tuvimos en la vida”, le contó a BOLAVIP.

“Siempre dije, la carrera y ese momento fue lo más feliz de mi vida deportiva”, agregó. Sin embargo, aclaró en otra entrevista: “No me cambió la vida. Sinceramente, no me cambió la vida. Seguí siendo el mismo y, de hecho, al poco tiempo seguí jugando en Francia”. Cuando se fue de México, volvió directamente al Nantes y, entre muchos detalles, contó que tiró a la basura los botines de aquella final, ya que en ese entonces no solía guardar ese tipo de recuerdos.

El volante siguió en el Nantes varios años más después de ganar el Mundial, jugó el Mundial 90 y en el 92 llegó al Valenciennes, también de Francia. En el 93 se vio involucrado en un escándalo por un intento de soborno del que él siempre se declaró inocente, pero por el que recibió una suspensión que lo hizo luego regresar al país para ponerse la camiseta de Independiente, donde volvió a ser campeón.

Con la camiseta del Rojo y ya con 33 años, ganó la Supercopa y la Recopa en 1995. Se retiró casi tres años más tarde para dejarle lugar a su carrera como entrenador y directivo. Fue DT de Arsenal, Estudiantes, Independiente, entre otros equipos nacionales, también asumió como Manager de la Selección entre 2017 y 2019 y fue Director Deportivo de Independiente en 2020.

La mayoría de las glorias de aquel equipo campeón se retiraron pasados los 30 años: el más joven fue Jorge Valdano, pero no fue el único. Carlos Tapia colgó los botines a los 32, luego de su paso por Boca y José Luis Cucciuffo a la misma edad tras regresar de Francia y jugar en Belgrano. El que más jugó luego de aquel Mundial fue Luis Islas, quien era el más joven del plantel con 20 años y se retiró a los 37, en 2003.

Algunos jugaron más, otros menos. Algunos volvieron a ser campeones, pero ninguno volvió a sentir seguramente lo de aquella tarde del 29 de junio de 1986, en el caluroso Estadio Azteca, donde Argentina escribió uno de los capítulos más maravillosos de su historia. Inolvidable.

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